viernes, 22 de mayo de 2026

XXII Aniversario Con las riendas del caballo desbocado

 


*Imágenes de un libro del que buscaré la cita

Veintidós años cumplió este blog de Cuentos Bajo Pedido el 20 de mayo del 2026.

¡Este año, 2026, Emilio Carballido cumpliría 101 años!

¡Y recuerden que el blog comenzó en un aniversario de Emilio Carballido, en donde pasaron cosas sorprendentes!!

Quien quiera saber o recordar, puede ir a los primeros escritos del blog.

Este año ha sido de mucha reflexión, de plantearme si sigo por el camino por el que voy o si hago un esfuerzo mayor y viro el timón para ir en otra dirección. Quiero más cosas, distintos caminos, estar más tranquila. En pocas palabras estar mejor parada para atender los cambiantes retos de la vida de una mejor manera. En este análisis personal he querido ver en dónde estoy y a dónde quiero ir. Veo con angustia que algunas cosas están fuera de control y requieren una intervención mayor.

Abrazo mutuo por estos XXII años.

Nuestros blogs:

https://cuentosbajopedido.blogspot.com/

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Con las riendas del caballo desbocado

En la vorágine de lo que sucedía a mi alrededor quise hacer una pausa para controlar mi respiración. Pero en esta ocasión, la paz buscada la tenía que conseguir subida en un caballo desbocado, soltando las riendas para poder tirar con el arco flechas envenenadas a los enemigos que venían pisándome los talones. Tiré mis flechas, todas certeras y la mayoría letales. Pero eran más mis persecutores que las flechas que llevaba preparadas. En ese momento, con las gotas de sudor escurriéndome y metiéndoseme en los ojos, intenté tomar las riendas del caballo. Mi primer pensamiento fue ¿Qué tanto podría lograr, asiendo las riendas entre mis manos temblorosas de cansancio, si el caballo iba totalmente fuera de control? Pero cuando logré sujetar las riendas y sentí la fuerza impetuosa del jaloneo tuve un atisbo de recobrar el poder, al menos una minúscula posibilidad de lograrlo. La sensación fue placentera, pero nada más cambió por el momento, el caballo siguió a todo galope y lo que me perseguía aún estaba tras de mí. Sin embargo, yo cambié y sentí que de alguna u otra manera encontraría como darle vuelta a la situación para estar un poco más tranquila y encontrar las soluciones anheladas.

 

 

 

 

 

 

sábado, 18 de abril de 2026

Tolerar a la araña en mi patio

 



Cada vez que tiendo la ropa veo una espectacular telaraña en la esquina del tendedero y pienso ¿Debería tolerarla o destruirla? Es tan admirable su arquitectura que los días han pasado y la telaraña sigue creciendo. Mi hija amaneció con una cadenita de piquetes con puntitos naranjas y supuse que había sido la araña que toleré en mi tendedero. Así que muy molesta fui al patio para destruir la telaraña, pero antes tuve la precaución de buscar a la araña para asegurarme de sacarla de mi casa. En mi búsqueda encontré algo increíble, un libro diminuto en la telaraña. Mi curiosidad fue mayor que mi deseo de destrucción. Tomé entre mis dedos el pegajoso libro y vi que se titulaba “Tolerar a humanos en mi casa”.

En el campo de batalla


La prima de la vecina se colgó en la zotehuela, tenía 25 años y su novio se había colgado un mes antes. Cuando sé de un suicida no puedo evitar pensar en lo que estábamos haciendo lo demás mientras ellos estaban desesperados maquinando el suicidio. La última vez que hablaron por teléfono con ella eran las 12:00 y prometió no suicidarse porque no quería causar un problema a sus papás. Yo estaba a tres casas, no la oí, no la ví, no percibí su presencia, pero ahora sí siento su ausencia. Entre 12:00 y 5:00 yo estaba haciendo la comida, lavando la ropa, tendiendo, lavado los trastes, preparado un examen, tratando de terminar el artículo interminable que tengo pendiente, yendo por mi hija y regresando. A las 5:00 yo estaba cosechando chagalapolis y fue cuando escuché a la vecina gritar horrorizada. Me acerqué, me dijeron lo que había pasado y no me atreví a mirar, no hacía falta, ya tenía la imagen en mi cabeza. Fui por una silla y por agua para la vecina. Me puse a rezar. No sentí que podía ayudar en nada y regresé a mi casa. La tarde se hizo larga y pesada. Poco a poco la calle se llenó de gente, familiares, autoridades y hasta muy tarde llegó quien supongo que realizó un dictamen y me imagino que por fin se llevaron a la chica. Los días han pasado, los vecinos no han vuelto. Nosotras día con día pasamos enfrente y es como si la casa hubiera crecido, como si fuera algo gigante que no dejara de mirarnos. Mi hija me preguntó ¿Crees que la chica sigue ahí? Le dije que ya no. Pero lo cierto es que hasta ayer yo la imaginaba colgada, mientras todos tratábamos de seguir con la vida, unos con más dificultad y otros con menos, pero a todos nos trastocó como si hubiera caído una bomba expansiva. Mientras vamos recobrando la cotidianidad, hay personas desesperadas, a veces buscando ayuda. Lamento que ella, al ir al médico familiar sólo haya recibido pastillas antidepresivas, cuando supongo que necesitaba una contención de emergencia. Pido por las personas que están viviendo algo agobiante, que de alguna u otra manera las podamos ayudar, que busquen ayuda profesional y qué mejor que no lleguen a vivir situaciones tan extremas. Hoy, simbólicamente, tomé la silla que le había prestado a la vecina y me la llevé a la práctica de tiro. En mi cabeza le dije a la chica -Ya no estás ahí desesperada, ahora estás tranquila en una calma que tú decidiste, aquí en el campo de tiro te digo que libraste una fuerte batalla y ahora puedes descansar en paz-.