sábado, 18 de abril de 2026

Tolerar a la araña en mi patio

 



Cada vez que tiendo la ropa veo una espectacular telaraña en la esquina del tendedero y pienso ¿Debería tolerarla o destruirla? Es tan admirable su arquitectura que los días han pasado y la telaraña sigue creciendo. Mi hija amaneció con una cadenita de piquetes con puntitos naranjas y supuse que había sido la araña que toleré en mi tendedero. Así que muy molesta fui al patio para destruir la telaraña, pero antes tuve la precaución de buscar a la araña para asegurarme de sacarla de mi casa. En mi búsqueda encontré algo increíble, un libro diminuto en la telaraña. Mi curiosidad fue mayor que mi deseo de destrucción. Tomé entre mis dedos el pegajoso libro y vi que se titulaba “Tolerar a humanos en mi casa”.

En el campo de batalla


La prima de la vecina se colgó en la zotehuela, tenía 25 años y su novio se había colgado un mes antes. Cuando sé de un suicida no puedo evitar pensar en lo que estábamos haciendo lo demás mientras ellos estaban desesperados maquinando el suicidio. La última vez que hablaron por teléfono con ella eran las 12:00 y prometió no suicidarse porque no quería causar un problema a sus papás. Yo estaba a tres casas, no la oí, no la ví, no percibí su presencia, pero ahora sí siento su ausencia. Entre 12:00 y 5:00 yo estaba haciendo la comida, lavando la ropa, tendiendo, lavado los trastes, preparado un examen, tratando de terminar el artículo interminable que tengo pendiente, yendo por mi hija y regresando. A las 5:00 yo estaba cosechando chagalapolis y fue cuando escuché a la vecina gritar horrorizada. Me acerqué, me dijeron lo que había pasado y no me atreví a mirar, no hacía falta, ya tenía la imagen en mi cabeza. Fui por una silla y por agua para la vecina. Me puse a rezar. No sentí que podía ayudar en nada y regresé a mi casa. La tarde se hizo larga y pesada. Poco a poco la calle se llenó de gente, familiares, autoridades y hasta muy tarde llegó quien supongo que realizó un dictamen y me imagino que por fin se llevaron a la chica. Los días han pasado, los vecinos no han vuelto. Nosotras día con día pasamos enfrente y es como si la casa hubiera crecido, como si fuera algo gigante que no dejara de mirarnos. Mi hija me preguntó ¿Crees que la chica sigue ahí? Le dije que ya no. Pero lo cierto es que hasta ayer yo la imaginaba colgada, mientras todos tratábamos de seguir con la vida, unos con más dificultad y otros con menos, pero a todos nos trastocó como si hubiera caído una bomba expansiva. Mientras vamos recobrando la cotidianidad, hay personas desesperadas, a veces buscando ayuda. Lamento que ella, al ir al médico familiar sólo haya recibido pastillas antidepresivas, cuando supongo que necesitaba una contención de emergencia. Pido por las personas que están viviendo algo agobiante, que de alguna u otra manera las podamos ayudar, que busquen ayuda profesional y qué mejor que no lleguen a vivir situaciones tan extremas. Hoy, simbólicamente, tomé la silla que le había prestado a la vecina y me la llevé a la práctica de tiro. En mi cabeza le dije a la chica -Ya no estás ahí desesperada, ahora estás tranquila en una calma que tú decidiste, aquí en el campo de tiro te digo que libraste una fuerte batalla y ahora puedes descansar en paz-.