La prima de la vecina se
colgó en la zotehuela, tenía 25 años y su novio se había colgado un mes antes.
Cuando sé de un suicida no puedo evitar pensar en lo que estábamos haciendo lo
demás mientras ellos estaban desesperados maquinando el suicidio. La última vez
que hablaron por teléfono con ella eran las 12:00 y prometió no suicidarse porque
no quería causar un problema a sus papás. Yo estaba a tres casas, no la oí, no
la ví, no percibí su presencia, pero ahora sí siento su ausencia. Entre 12:00 y
5:00 yo estaba haciendo la comida, lavando la ropa, tendiendo, lavado los
trastes, preparado un examen, tratando de terminar el artículo interminable que
tengo pendiente, yendo por mi hija y regresando. A las 5:00 yo estaba
cosechando chagalapolis y fue cuando escuché a la vecina gritar horrorizada. Me
acerqué, me dijeron lo que había pasado y no me atreví a mirar, no hacía falta,
ya tenía la imagen en mi cabeza. Fui por una silla y por agua para la vecina. Me
puse a rezar. No sentí que podía ayudar en nada y regresé a mi casa. La
tarde se hizo larga y pesada. Poco a poco la calle se llenó de gente,
familiares, autoridades y hasta muy tarde llegó quien supongo que realizó un
dictamen y me imagino que por fin se llevaron a la chica. Los días han pasado,
los vecinos no han vuelto. Nosotras día con día pasamos enfrente y
es como si la casa hubiera crecido, como si fuera algo gigante que no dejara de
mirarnos. Mi hija me preguntó ¿Crees que la chica sigue ahí? Le dije que ya no.
Pero lo cierto es que hasta ayer yo la imaginaba colgada, mientras todos tratábamos
de seguir con la vida, unos con más dificultad y otros con menos, pero a todos
nos trastocó como si hubiera caído una bomba expansiva. Mientras vamos
recobrando la cotidianidad, hay personas desesperadas, a veces buscando ayuda.
Lamento que ella, al ir al médico familiar sólo haya recibido pastillas
antidepresivas, cuando supongo que necesitaba una contención de emergencia.
Pido por las personas que están viviendo algo agobiante, que de alguna u otra
manera las podamos ayudar, que busquen ayuda profesional y qué mejor que no
lleguen a vivir situaciones tan extremas. Hoy, simbólicamente, tomé la silla
que le había prestado a la vecina y me la llevé a la práctica de tiro. En mi
cabeza le dije a la chica -Ya no estás ahí desesperada, ahora estás tranquila
en una calma que tú decidiste, aquí en el campo de tiro te digo que libraste
una fuerte batalla y ahora puedes descansar en paz-.

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